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	<title>CongresoVirtualAstrologia.com</title>
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	<description>Aplicaciones serias, reales y practicas de la astrologia</description>
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		<title>Astrología, una “¿pseudociencia?”</title>
		<link>http://www.congresovirtualastrologia.com/2009/12/29/astrologia-una-%e2%80%9c%c2%bfpseudociencia%e2%80%9d/</link>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 16:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Norberto</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[La denominación de "ciencia" aplicada a la Astrología, no coincide con el concepto que todos tenemos de ese estilo de conocimiento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es curioso como nuestra forma de pensamiento, nos inclina a desarrollar sentimientos que nos fortalecen o debilitan. Esto deriva de una educación sistematizada, que se aplica de manera masiva, sin contemplar la existencia del individuo como tal.</p>
<p>Para los educadores, todos los niños aprenden lo mismo, de la misma manera y en la misma época de su vida. Para cualquier ser pensante, esto es una aberración, pues cada uno entiende, siente o capta de una manera particular. Es obvio que las imágenes son esenciales para unos, en cambio para otros alcanza fortaleza a partir de la práctica y existen muchos que prefieren la teoría.</p>
<p>Tampoco es verdad que el aprendizaje sea en el mismo momento, pues las experiencias alcanzan determinado valor, dependiendo del grado de comprensión individual. No hay duda que cuando un niño queda huérfano a los 5 años, desarrollará un sentimiento diferente a otra persona a quien le ocurre lo mismo a los 35.</p>
<p>Bajo estos paradigmas existenciales, quienes escuchan hablar sobre Astrología, manifiestan una cantidad inmensa de emociones particulares. Prevalecen los escépticos, que niegan a priori cualquier posibilidad a una disciplina que, generalmente no conocen y que podría estar a su servicio.<span id="more-259"></span></p>
<p>Señalo lo anterior, dado que en los componentes históricos donde surge la Astrología, existía una forma de “ver”, “escuchar”, y “sentir”, completamente diferente a la actual. Es comprensible entonces que exista una marcada divergencia entre quienes desarrollaron un aprendizaje “científico” y aquellos que prefieren las manifestaciones psíquicas o espirituales.</p>
<p>Unos acusarán a los otros de “<em>encerrados en una cuadrícula</em>” y al contrario de “<em>crédulos e ingenuos estafables</em>”.</p>
<p>Primero deberemos definir que entendemos por ciencia en estas épocas, para limitar el concepto de manera clara. Según el físico y filósofo austríaco Ernst Mach el conocimiento científico se diferencia del conocimiento vulgar, en que el primero es un conocimiento ordenado, sistematizado e incluso nemotécnicamente ordenado. En cambio, el segundo es una serie desordenada de conocimientos.</p>
<p>Para explicarlo mejor, digamos que cuando alguien dice que le duele la rodilla, es común que todos nos sentimos autorizados a sugerir alguna clase de tratamiento o medicación. Sin embargo, esto no nos acredita como médicos, quienes a través de su formación tienden a creer que de acuerdo al comportamiento fisiológico, anatómico y localizando el órgano afectado, podría diagnosticar tal o cual cosa.</p>
<p>Este concepto, aceptado casi de manera universal, hace que quienes sistematizan y ordenan sus conocimientos, se consideren personas serias y confiables. Pequeño error. A todos nos consta que en todas las actividades humanas predominan los comerciantes, los perezosos, los que prefieren el lucro a la honestidad y los que escogen el camino más corto y fácil.</p>
<p>Esto también se aplica a la astrología (con minúscula), a los lectores de toda clase de herramientas, a los abogados, médicos, ingenieros, arquitectos, políticos, actores, músicos y toda actividad humana conocida.</p>
<p>La seriedad, pocas veces va emparentada con la responsabilidad. Podríamos decir que cuando vemos en televisión al pronosticador de turno, no importa que sea economista, político o astrólogo y aceptamos aquello que dice como si fuera palabra revelada o verdad absoluta, estamos pecando de un alto grado de ingenuidad. Porque uno de los factores que dejamos de lado, es preguntarnos: ¿qué tan responsable es quien opina? ¿Este señor habrá tenido en cuenta que cada uno capta e interpreta de manera particular lo que escucha? ¿Sabrá que la palabra es un aliciente fundamental para crear realidades?</p>
<p>Cada individuo tiene una visión particular de las cosas. Y ésta, es el resultado de sus valores, la profundidad de sus conocimientos, sus experiencias personales y los intereses subjetivos.</p>
<p>Regresando a la idea anterior de lo “<em>serio</em>” que es el pensamiento científico, nos equivocamos de cabo a rabo al suponer que validar la Astrología a la luz de una forma que sistematiza, agrupa, clasifica, etiqueta y juzga, implica alejarnos de la idea que esta disciplina, jamás podría haber surgido en estas épocas.</p>
<p>Con esto no estamos criticando o desvalorizando el pensamiento científico, sino tratando de encuadrar a la Astrología dentro del campo al cual perteneció desde sus orígenes. Quienes se han preocupado por averiguar cual es la trayectoria de la Astrología, saben que hubo etapas donde el verdadero poder, estaba en manos del Astrólogo. No era el emperador, ni el rey, ni el sultán, ni el faraón, ni el Gran Mogol, quien tomaba las decisiones de fondo. Todos ellos consultaban a su sacerdote o astrólogo (dependiendo de la cultura a que perteneciera) antes de actuar. Querían saber si las estrellas favorecían sus propósitos o estaban en su contra.</p>
<p>Este conocimiento, en manos de individuos carentes de responsabilidad y formación ética, fueron transitando senderos que condujeron a la necesidad de anticipar acontecimientos. Actitud clásica de la tendencia cómoda y facilista del ser humano. Es notable como el saber sobre determinada herramienta, al alcance de unos, hace que los otros se sometan a las decisiones que cada uno debería tomar, de ser responsable de sí.</p>
<p>Históricamente, los factores de poder siempre lucharon por obtener la supremacía. Por supuesto que quienes detentaban una buena dosis de poder desde su institución, no se resignaran a compartirlo. De allí surgen los movimientos inquisitoriales y no nos referimos a la Iglesia únicamente, sino a todo ejecutor que pretende decidir sobre lo bueno o lo malo para los demás.</p>
<p>Un buen argumento, era que los hombres no estamos facultados para conocer el futuro, que éste reposa en manos del Ser Supremo. Este argumento es legítimo. No obstante, la necesidad humana de sentirse “superior” o con mayor poder que otro, puede más que lo que razonablemente se espera. A partir de la resistencia que ofrece cada astrólogo, frente al poder de una institución que agrupa a centenares de miembros, es lógico que la disciplina ancestral pase al oscurantismo, como tantas otros conocimientos sepultados durante siglos.</p>
<p>Y en materia de “inquisición” seguimos igual que siempre, pues ahora los considerados “serios”, con formación académica y certificados con un diploma expedido por alguna institución aceptada por el Estado, son quienes determinan qué es serio y qué, no lo es. Estos, condenan a la hoguera sin escuchar argumentos y sin haber investigado nada diferente a quedarse en la superficie argumentativa.</p>
<p>Por otra parte, nos encontraremos con individuos que —mezclando el conocimiento racional con el misticismo— deciden “crear” una astrología contemporánea. Así surge el movimiento Teosófico, liderado por Madame Blavatsky. Esta aristócrata rusa, delega en Alan Leo, inglés de nacimiento, la responsabilidad de difundir la Astrología. Éste, fue el más famoso astrólogo del siglo XIX. Muchos lo consideran como el padre de la astrología moderna, dado que provocó la renovación de la astrología en Europa.</p>
<p>No obstante, en ese momento histórico habíamos perdido nuestra capacidad de pensamiento analógico por el pensamiento secuencial que inspira la investigación racional y científica. Imbuido entonces de una mezcla de racionalismo y misticismo, dicta nuevos parámetros y técnicas que aún hoy, siguen la mayoría de astrólogos convencionales. Pocos se cuestionan si Alan Leo es el verdadero maestro o si respondió a sus intereses personales.</p>
<p>En síntesis, hay una astrología que deriva de una forma de pensamiento global, analógico y que parte de la utilización de ambos hemisferios del cerebro interconectados (como en la antigüedad) y una de pensamiento lineal, secuencial y que parte de la utilización del hemisferio izquierdo.</p>
<p>Es decir, uno capta el conjunto y el otro el detalle. El primero sabe que la suma de las partes nunca será igual al todo y el otro piensa lo contrario. Así que cuando los racionalistas dicen que la Astrología es una “pseudociencia”, afirman lo correcto. Pero esto no es una pretensión de los astrólogos como ellos suponen, sino de los inseguros que pretenden salirse del rol de la cenicienta de las ciencias, para ser aceptado por sus hermanas mayores, como si ellas hubieran creado la única verdad. Personalmente me adhiero a este argumento, que pertenece a una persona a quien admiro, el astrólogo catalán Armando Rey.</p>
<p>La Astrología y las ciencias no son cercanas. Según mi opinión, nuestra disciplina va mucho más allá del pensamiento racional, concreto y <em>comprobable</em> estadísticamente. No obstante, nada la aleja de ser útil y accesible a todo ser humano. Incluso los escépticos no dejan de sorprenderse ante las posibilidades que esta herramienta facilita.</p>
<p>Aunque lo que exprese sea apenas una opinión más, estimo que la Astrología, al compararla con un conocimiento científico, se la minimiza o subestima. Y ello no significa que sea más o menos, mejor o peor, sino una posibilidad que trasciende lo terrenal.</p>
<p>Norberto Miguel García</p>
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&lt;p&gt;Para los educadores, todos los niños aprenden lo mismo, de la misma manera y en la misma época de su vida. Para cualquier ser pensante, esto es una aberración, pues cada uno entiende, siente o capta de una manera particular. Es obvio que las imágenes son esenciales para unos, en cambio para otros alcanza fortaleza a partir de la práctica y existen muchos que prefieren la teoría.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tampoco es verdad que el aprendizaje sea en el mismo momento, pues las experiencias alcanzan determinado valor, dependiendo del grado de comprensión individual. No hay duda que cuando un niño queda huérfano a los 5 años, desarrollará un sentimiento diferente a otra persona a quien le ocurre lo mismo a los 35.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajo estos paradigmas existenciales, quienes escuchan hablar sobre Astrología, manifiestan una cantidad inmensa de emociones particulares. Prevalecen los escépticos, que niegan a priori cualquier posibilidad a una disciplina que, generalmente no conocen y que podría estar a su servicio.&lt;span id=&quot;more-259&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Señalo lo anterior, dado que en los componentes históricos donde surge la Astrología, existía una forma de “ver”, “escuchar”, y “sentir”, completamente diferente a la actual. Es comprensible entonces que exista una marcada divergencia entre quienes desarrollaron un aprendizaje “científico” y aquellos que prefieren las manifestaciones psíquicas o espirituales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Unos acusarán a los otros de “&lt;em&gt;encerrados en una cuadrícula&lt;/em&gt;” y al contrario de “&lt;em&gt;crédulos e ingenuos estafables&lt;/em&gt;”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Primero deberemos definir que entendemos por ciencia en estas épocas, para limitar el concepto de manera clara. Según el físico y filósofo austríaco Ernst Mach el conocimiento científico se diferencia del conocimiento vulgar, en que el primero es un conocimiento ordenado, sistematizado e incluso nemotécnicamente ordenado. En cambio, el segundo es una serie desordenada de conocimientos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para explicarlo mejor, digamos que cuando alguien dice que le duele la rodilla, es común que todos nos sentimos autorizados a sugerir alguna clase de tratamiento o medicación. Sin embargo, esto no nos acredita como médicos, quienes a través de su formación tienden a creer que de acuerdo al comportamiento fisiológico, anatómico y localizando el órgano afectado, podría diagnosticar tal o cual cosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este concepto, aceptado casi de manera universal, hace que quienes sistematizan y ordenan sus conocimientos, se consideren personas serias y confiables. Pequeño error. A todos nos consta que en todas las actividades humanas predominan los comerciantes, los perezosos, los que prefieren el lucro a la honestidad y los que escogen el camino más corto y fácil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto también se aplica a la astrología (con minúscula), a los lectores de toda clase de herramientas, a los abogados, médicos, ingenieros, arquitectos, políticos, actores, músicos y toda actividad humana conocida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La seriedad, pocas veces va emparentada con la responsabilidad. Podríamos decir que cuando vemos en televisión al pronosticador de turno, no importa que sea economista, político o astrólogo y aceptamos aquello que dice como si fuera palabra revelada o verdad absoluta, estamos pecando de un alto grado de ingenuidad. Porque uno de los factores que dejamos de lado, es preguntarnos: ¿qué tan responsable es quien opina? ¿Este señor habrá tenido en cuenta que cada uno capta e interpreta de manera particular lo que escucha? ¿Sabrá que la palabra es un [...]</itunes:summary>
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